Viene del hebreo baruch, y lo escribimos con K para que todas lo digan igual: ba-RUK.
Elegimos ese nombre porque creemos algo muy simple: tu cuerpo no es un proyecto pendiente. Es el que te lleva al gym a las 6 a.m., el que corre por el malecón, el que gana el punto en la cancha y el que baila en el matrimonio de tu prima. Es una bendición, y merece ropa que lo trate así.
